Francisco Juárez, fundador de Sangría Alegría: “Intentamos llevar la sangría a otro nivel”

En Más que un Pitch, conversamos con Francisco Juárez, fundador de Sangría Alegría, quien nos compartió la historia de este emprendimiento que ha logrado destacar con su sangría artesanal. Inspirada en la tradición española y elaborada con la calidad del vino chileno, su receta combina licores macerados y un toque de caramelo de azúcar de caña, logrando un sabor único y auténtico.
Francisco Juárez, publicista de profesión, siempre tuvo el deseo de aplicar sus conocimientos en un proyecto propio. Buscó distintas opciones para emprender, explorando ideas que le llamaban la atención, como la chocolatería, un rubro que le parecía creativo y versátil. Sin embargo, al investigar más a fondo, descubrió que requería una inversión significativa y un dominio técnico que no manejaba del todo. También consideró incursionar en el mundo de la pizza gourmet, pero no terminó de convencerlo.
El punto de inflexión llegó gracias a su suegro, quien cada año le pedía preparar sangría para su cumpleaños. En una de esas celebraciones, después de haber preparado 15 litros que parecían no acabarse mientras los invitados seguían disfrutándola, su suegro le lanzó una idea: “¿Por qué no la vendes?”. Fue en ese momento cuando todo hizo clic, y nació la inspiración para Sangría Alegría.
Desde ahí empieza la historia de este gran proyecto: “Comenzamos en 2017 con la idea de replicar la forma en que se disfruta la sangría en España. Para ello, usamos grandes baldes de siete litros, tal como se hace en las reuniones y fiestas en España, donde la sangría se sirve a cucharadas en un recipiente grande y se comparte entre todos. Desde el principio, esta propuesta funcionó de maravilla y fue un éxito (…) Con la llegada de la pandemia, nos dimos cuenta de que el concepto de “Alegría para Compartir” ya no era tan viable, ya que compartir se volvió más complicado. Entonces, tuvimos que adaptarnos rápidamente y decidimos vender frascos pequeños, subdividiendo el contenido de los grandes para ajustarnos a las nuevas circunstancias”.
Juárez continuó: “Durante el estallido social, estábamos fabricando la sangría justo al lado de Vicuña Mackenna, cerca de una antigua viña llamada Santa Catalina, que ya no existe y ahora es un edificio de departamentos. Mientras preparábamos la sangría, se escuchaban disparos y un caos total afuera, lo que hacía que, mientras trabajábamos, se viviera una tensión difícil de describir (…) superamos el estallido social y la pandemia, y cuando nos dijeron que no podíamos compartir la sangría, decidimos adaptar nuestra propuesta. Tomamos el contenido de los frascos de 4 litros y lo dividimos en botellines pequeños, creando monodosis de alegría. Le dimos un toque visual similar al de un medicamento, como si fuera un remedio contra el aburrimiento, la pandemia y el encierro, pero sin engañar a nadie: al final, era solo un remedio para el malestar de estar aislados”.
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